Maldita, maldita entre las malditas. Apuntaba con mi arpón, atento al resoplido de aquella bestia asesina, justo en el instante que me fijé en su lomo blanco y resplandeciente a la luz de la luna. Bella y voraz, sabe que la sigo sin descanso entre todos los mares. Mis manos encayecidas, hinchadas y adheridas al frío arpón lo sienten como si de grilletes se tratara. No me importa morir, pero no soporto la burla que el destino me depara en cada encuentro con la ballena blanca. Anoche gritaba de júbilo, confiado en abatir a la bestia. Hoy trago mi propia sangre al apretar los dientes, de rabia y de odio.
¡Acabaré contigo, maldito monstruo!, por tu culpa he quemado mi vida y la vida de los mios. Todos me odian, pero yo sólo tengo una recompensa, dominar a la bestia, soñar con sentirla flotando, boca arriba, y emborracharme hasta perder el sentido mientras la abren y se reparten sus riquezas.
¡Acabaré contigo, maldito monstruo!, por tu culpa he quemado mi vida y la vida de los mios. Todos me odian, pero yo sólo tengo una recompensa, dominar a la bestia, soñar con sentirla flotando, boca arriba, y emborracharme hasta perder el sentido mientras la abren y se reparten sus riquezas.

