Hace días que navegamos hacia el sur, el frío antártico te golpea en la cara despertándote con chirriar de dientes.
-¡Contramaestre!, ¡informe!-
-Todo va como ordenó capitán, seguimos con calma chicha pero esta mañana hemos tenido que asegurar el trinquete, sopla de nordeste..-
-¿Qué dice el vigía?- pregunté con tono exigente. El contramaestre sabe que mi obsesión prioriza todos mis actos y por encima del estado de la mar, el viento, el barco o los hombres, está la ballena blanca, el monstruo.
-Nada nuevo, capitán- El gesto serio, curtido por cien mil tormentas me hizo mirar al contramaestre atravesándolo, fijando la mirada en la puerta que comunica con la cubierta.
Hoy tengo un presentimiento y cuando mis hombres oyen el golpear de mi pata de palo, todos saben que no pueden estar relajados que tienen que permanecer en alerta mirando siempre hacia el horizonte o através del obscuro mar que nos rodea. Les exijo algo más que mirar y ellos lo saben, les exigo que escudriñen; no, que adivinen la presencia del monstruo. Toda mi tripulación prolonga sus sentidos mucho más allá del Stormbridge. En realidad no somos un barco ballenero, somos una flota tripulada por adivinos, gurus, magos y guerreros, gente con visión nocturna y con el temple necesario para cabalgar a lomo de las olas.
Hoy tengo un presentimiento…..
