El concepto de naturaleza y el concepto de dominación son conceptos conocidos por el hombre desde la más antigua prehistoria, la dominación de la naturaleza y la domesticación de animales y plantas introdujo relaciones sociales de producción que transformaron las sociedades primitivas, cambios que, a su vez, marcarían el propio destino evolutivo del hombre.
Hoy día, podemos palpar la influencia que la sociedad humana provoca en la naturaleza en todos los aspectos de la vida cotidiana.
El capitalismo, como sistema productivo imperante, diversifica el riesgo económico sopesando riesgos naturales, para garantizar un nivel óptimo de producción que satisfaga las necesidades del sistema. Por tanto, se puede plantear objetivos como acabar con el hambre en el mundo, un fin que logra el respaldo social y político de todos. Cosa que, por otra parte, parece necesitar la ciencia, es decir, necesidad de beneplácito social, respaldo político y apoyo financiero, presentando al mundo el resultado de sus descubrimientos como buenos en sí, por ser beneficiosos para todos. Sin embargo, los productos tecnológicos y proyectos científicos que se desarrollan bajo el sostén económico y el mecenazgo de las naciones más ricas del mundo hacen que termine por incluir estos descubrimientos en el sistema de producción capitalista, teniendo como resultado final el mejoramiento de las posiciones sociales existentes y la polarización de la riqueza mundial. Hay, por tanto, una incoherencia entre el fin inicial, apoyar la lucha contra el hambre en el mundo, y el beneficiario final de los descubrimientos científicos.
Los conocimientos biogenéticos han transformado las técnicas agrícolas y, por tanto, han introducido nuevos cambios en las relaciones sociales de producción a nivel planetario. En la actual fase de dominación de la naturaleza altera, a una velocidad desconocida hasta ahora, el devenir genético de la misma, artificializando su comportamiento. Por ejemplo, la manipulación genética de la semilla de soja, uno de los productos más consumidos en Asia con un número de consumidores potenciales muy elevado, ha entrado ya, de la mano de la manipulación genética a crear semillas que no pueden reutilizarse, al introducir mecanismos genéticos que provocan su infertilidad al año, semillas que no pueden salir del círculo de abastecimiento que la empresa biogenética marca. La modificación permite crear una semilla más resistente, pero la dependencia de la tecnología es mayor, generándose así un mercado específico, altamente concentrado.
La tesis del sobre industrialismo, basada en el aumento indefinido de las soluciones tecnológicas a costa de la sobreexplotación de la naturaleza, ha convertido al ecologismo político en su principal opositor, que considera igualmente perniciosa la solución industrialista del capitalismo como la del socialismo. El ecologismo político explica la dominación de la naturaleza a través de las relaciones económicas que lo promueven. Éstas, al igual que la dominación social, se ejerce mediante la acción organizada, de las instituciones, los procedimientos conocidos en nuestra cultura y la participación colectiva o individual de los ciudadanos, es decir, mediante los sistemas de acción política. (Horkheimer, Max: Historia, metafísica y escepticismo, 1998. Madrid, pág. 20).
“En sentido estricto, la sociedad no se apoya sólo en el dominio de la naturaleza. La sociedad se basa en todo esto tanto como en la dominación de unos hombres por otros hombres, y el conjunto de los métodos que conducen a esa dominación y de las medidas que sirven para mantenerla se llama política”.
Una vez que cobramos conciencia de que el terreno donde se dirime la explotación de la naturaleza viene dado por las relaciones de poder tanto como por las relaciones económicas como políticas y, en consecuencia, de que, a través de la política, podemos modificar dichas relaciones y nos vemos enfrentados al problema de compatibilizar la responsabilidad de garantizar la supervivencia de ingentes masas humanas con el de tener que asumir que el único instrumento disponible es el sistema industrial capitalista. Ya no se trata solamente de que utilicemos el argumento del industrialismo, como instrumento demoledor del espacio natural, en cuanto principal crítica al sistema, se trata de que el principal argumento de legitimación de ese mismo industrialismo proviene de la demanda de crecimiento económico e industrial que las naciones más pobres confían en alcanzar en ese mismo sistema industrial, que genera desigualdades y dependencias y que llega a poner en crisis la supervivencia de gran numero de personas. Por tanto, una fase de desarrollo del sistema donde la riqueza tiene su principal argumento de justificación en la abundancia de miseria, ya que para resolver ésta última, sólo existe el propio sistema de producción capitalista como alternativa.
La desideologización, la pérdida de identidad cultural e individual, son las características de la actual fase de dominación de la naturaleza, ya que la formación de la riqueza y de la necesaria dominación de la naturaleza humana, trasciende a fronteras, físicas, políticas y culturales. El sistema capitalista exige el tributo, imponiendo la adoración fetichista al dinero y el sometimiento de todos los valores a valores de cambio. Exige un reconocimiento incuestionable al estatus quo del poder económico y, en el plano de la racionalidad científica, exige una aceptación de la racionalidad instrumental, en el plano del pensamiento un positivismo aséptico y en el plano ideológico una defensa de todo vínculo irracional de identidad colectiva (religiosa, étnica, cultural, lingüística) que enajene la identidad individual. Postura irresponsable, pues se llega a delegar en la fe lo que la razón no puede justificar. Finalmente, al no existir sistema de mayor eficiencia en la producción de la riqueza, el capitalismo debe asumir éticamente, la responsabilidad de las consecuencias de miseria, ignorancia y desarrollo insostenible de sus propios actos, por eso, el sistema encuentra su legitimación, precisamente, en sus antípodas. Pero la incapacidad por conciliar acto con responsabilidad, en una sociedad irresponsable, en una sociedad sin identidad, le hace mantenerse en permanente crisis de legitimación y coherencia a la vez. La crisis de recursos naturales es la señal de alarma de los límites del crecimiento capitalista en cuanto sistema de dominación sobre la naturaleza, (la salvaje y la no salvaje y la humana como parte de ella). La unidimensionalidad del sistema capitalista busca, en un capitalismo, renaciente y fortalecido, reinventar todos los procesos ideológicos que puedan contribuir a integrar dentro del equilibrio del sistema esta nueva característica del sistema de dominación.
El capitalismo, que se presenta como el paladín de todas las soluciones, sólo busca el éxito de su propia reproducción.


