Comportamiento institucional. La complicidad institucional.

Un papel decisivo en el desarrollo y difusión de la ideología reificadora lo representa la enorme maquinaria institucional. Se ha ido reduciendo el espacio político a la par que se ha vaciado el discurso ideológico-político. Hoy se plantea en Europa un extenso debate sobre la representatividad de sus instituciones y la necesidad, cada vez más clara, de dotar a dichas instituciones de un poder basado en el voto de los ciudadanos de la Unión Europea. Lejos aún de una conciencia de nación de naciones, la Unión Europea debe afrontar, de modo particular, la crisis de representatividad general en el modelo democrático predominante. La despolitización de las instituciones, en el sentido que Hanna Arendt nos recordaba, mediante el desplazamiento de las cuestiones políticas por lo que ella llamó cuestiones domésticas, ha ido desplazando la importancia de dicho foro institucional y favorecido otros alejados de la responsabilidad política y del juicio público. Como algunos autores han venido señalando (Held, David, 1996, Alianza, Modelos de Democracia, pág. 261)

Cada vez más técnicos, las reuniones entre los agentes sociales diseñan la política social de los gobiernos que siempre queda amparada por el acuerdo final. En España, donde el Senado es considerado la cámara territorial por excelencia, se mantiene sine die, la discusión sobre cómo afrontar la vertebración de regiones y nacionalidades dentro del marco constitucional e institucional, en un contexto donde los partidos nacionalistas, mayoritarios en dos de las más importantes comunidades autónomas del país, no renuncian a su propio poder negociador o a un trato no equivalente respecto de otras comunidades autónomas, vaciando así de contenido el papel institucional del Senado.

“las instituciones políticas representativas tradicionales han sido progresivamente desplazadas por los procesos de toma de decisiones tripartitos. La posición del parlamento como centro supremo para la articulación de las políticas y el acuerdo se ha erosionado; la aprobación por el parlamento de un proyecto de ley es ahora más que nunca un mero trámite”. “(…), la representación parlamentaria o territorial ya no es la forma principal de expresar y proteger los intereses. (…), las tareas más importantes de dirección política y económica las llevan a cabo representantes funcionales, a saber, delegados de las corporaciones, los sindicatos y ramas del estado. Los procesos políticos extraparlamentarios se han convertido poco a poco en el dominio central de la toma de decisiones. (…) En definitiva, la soberanía del parlamento y el poder de los ciudadanos están siendo minados por los cambios económicos, las presiones políticas y los desarrollos organizativos.”
El neo-corporativismo pone en peligro el espacio político de decisión de los derechos y deberes de los ciudadanos, al establecer las condiciones socioeconómicas en las que han de ejercerse dichos derechos y al elaborar dichas negociaciones, al margen de las instituciones de representación directa de los ciudadanos.
También, buena muestra de los espacios donde se elabora la ideología reificadora del poder, son los sistemas de salud pública. Enormemente dependientes del presupuesto público, en algunos casos, (en la Europa de la sociedad del bienestar keynesiano, y sus restos de protectorado estatal, como es el caso de España) del mercado de la salud, entidades aseguradoras e instituciones hospitalarias y clínicas privadas, en otros. Lo cierto es, que la decisión de garantizar unas cotas mínimas de salud pública está en manos de aquellos grupos profesionales que tienen sus propios intereses en juego.

Mediante la concentración de recursos de investigación, que demandan enormes flujos de capital, relegan al plano de lo clínico, mediante la dosificación de fármacos que reducen los efectos de las enfermedades, cronificando una situación de demanda médica, más allá de lo que supondría el uso de recursos para la eliminación de la enfermedad. Criterios como, número de afectados en relación total de la población y porcentajes no representativos de ciertas dolencias, evidencia el lenguaje reificante al que reducen el papel subjetivo de los propios ciudadanos, factor éste decisivo en la formación de la ideología del poder.

Así también, en el sistema educativo: mediante la aplicación de normas, cada vez más abundantes, que intentan aplicar criterios de calidad extraídos de las experiencias en los procesos productivos, se imponen desde arriba como principios orgánicos de la estructura académica. La oferta educativa es cada vez más dependiente del sistema de producción y de las ofertas de empleo, asistimos al lenguaje del positivismo institucional. La misma lógica de reificación, la misma racionalidad instrumental que ha sido descrita más arriba.

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