Los conflictos nternacionales:

Los conflictos internacionales, sometidos a nuevos esquemas y lecturas, han pasado, de la defensa de occidente al eje del mal. De la lucha contra el comunismo al castigo del islamismo. Y todo ello en la aplicación del esquema neorrealista de la política internacional. El sistema político internacional ha cambiado de reglas. Los procedimientos de lucha han evidenciado la debilidad estratégica de un esquema basado en el equilibrio. Es decir. El sistema internacional, ha sido sometido a un cambio que reestructuraba el papel de la OTAN, las líneas de ataque de los misiles y hasta el valor de las bases militares. El esquema geoestratégico varió en pocos años.

Como resultado de estos cambios, el ejército más moderno del mundo incorporó esquemas de flexibilidad, aplicó procedimientos de reconversión industrial y pasó a invertir en I+D, al estilo de las grandes empresas de tecnología estratégica. Pero la disponibilidad de un instrumento adaptativo ha devenido en dependencia tecnológica. La diversificación del armamento, al depender éste de las nuevas condiciones de combate, ha establecido nuevas alianzas industriales, ahora más importantes. La investigación en el terreno de las telecomunicaciones, y la investigación en nuevos y más eficientes combustibles, capitalizando así la investigación aeroespacial. La industria química y biotecnológica, hermanas de las farmacéuticas. Especializadas en la modificación bacteriológica de los agentes víricos u otros, o el acaparamiento de los antídotos, en una previsible guerra microbiana. Micro no sólo por el tamaño del agente biológico, sino también por las estrategias de combate que pueden desencadenarla. No hay que descartar, el papel que jugará la tecnología del tratamiento del agua. La concentración urbanística, que crece a marchas forzadas, aumenta exponencialmente la demanda de infraestructuras para el tratamiento y abastecimiento de agua potable. Su papel, a modo de “jeringuilla” servirá como instrumento de control de enfermedades o como vía de transmisión de estas y, por tanto, como factor decisivo en la productividad de la fuerza de trabajo.

En definitiva, la dependencia estratégica del hombre contemporáneo, respecto de los poderes que controlan la tecnología estratégica, es decir, la tecnología de la vida, ponen al ser humano ante el cuestionamiento del éxito estratégico respecto de dichos procedimientos tecnológicos. Los avances, los logros científicos alcanzados, han sido vistos y presentados ante la humanidad como definitivos en la protección y extensión de la vida, pero han replegado la relación del hombre con la naturaleza, sobre sí mismo, han convertido al hombre en responsable de su destino, y ya no tiene, ya no puede utilizar la coartada de la alienación, como síndrome del sistema, cuyos beneficios superan los costes. Se trata, ahora, de definir el ámbito de responsabilidad que estamos dispuestos a asumir. Y, a mayor automatismo en el comportamiento de los estados, mayor reflexión exige y mayor crítica demanda. La posición política tradicional, basada en el intento de profetizar o prever, con antelación a los acontecimientos críticos, la formación de los enemigos o el corrimiento de las alianzas obliga a incorporar nuevos enfoques en las teorías de las relaciones internacionales. Hasta ahora, el realismo político ha sido el lenguaje predominante en la práctica de las relaciones internacionales. Tanto su versión clásica (Maquiavelo, Spinoza, Hobbes, Hegel), como en su versión neo- (Morgenthau, Kehoane, Walt, Walz), donde se presta atención a los factores intencionales y actitudinales, ha sido determinante en el proceso de toma de decisiones. El equilibrio, antaño basado en la amenaza mutua de fuerzas equivalentes, ha dado lugar a un contexto político internacional basado principalmente en la importancia ideológica de la fe religiosa. USA. como principal potencia militar del mundo, ve como su papel hegemónico crece ante el igualmente creciente papel de la ideología islámica.

También la fragilidad de esos momentos de hegemonía se ven amenazados de inestabilidad, pero lo que quizá haya que rescatar de la lógica realista es precisamente el efecto de lo pequeño, pues éste adquiere unas dimensiones enormes dificultando la hegemonía en el sistema. (Walt, Stephen M. Walt: The Origins of Alliances.Cornell University Press. Ithaca and London. 1994)

Si el equilibrio es la norma, si la ideología posibilita que el efecto pequeño sea a menudo decisivo, y si la ayuda extranjera y la penetración son causas bastante débiles, entonces la hegemonía sobre el sistema internacional será sumamente difícil. La mayoría de los Estados encontrarán seguridad abundante. Pero si la hipótesis del bandwagoning es más exacta, si la ideología es una fuerza poderosa para el alineamiento, entonces la hegemonía será mucho más fácil (aunque también será bastante frágil). Incluso los grandes poderes verán su seguridad como precaria”

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